Pensamientos sobre la cortesía

Llevo unos días pensando sobre algunos aspectos relacionados con la cortesía. Paso mucho tiempo haciendo cola y usando transportes públicos y uno tiene que pensar en algo.

Veamos tres situaciones similares que son las que me suscitaron estos pensamientos:

Caso A
Una cola de 50 Personas esperando un autobús de 50 plazas sentadas. Llega el autobús y cuando va a subir el primero ve acercarse a un anciano (embarazada, una persona con una pierna escayolada, ...) y le dice: «pase usted primero». Esta persona pasa y da las gracias.
Caso B
La situación es similar, solo que en este caso el anciano llega cuando todos están montados en el autobús, es decir la situación podemos considerarla idéntica salvo que el anciano ha llegado 3 minutos más tarde. Cuando este sube, el que era primero en la cola y estaba sentado (nuestro samaritano) se levanta y le cede su asiento: «sientese usted».
Caso C
En este caso, la cola es para comprar entradas para un concierto de gente muy famosa tipo los Rollings, Les Luthiers o Javier Krahe. Normalmente nadie permitiría que una persona se les pusiera delante.

Los tres casos son en realidad bastante parecidos. Solo varía la forma de «cortesía» que encontramos en cada caso.

En el Caso A, el samaritano no gana ni pierde nada: el seguirá con su asiento después de todo. Realmente el que sufre las consecuencias es el que estaba último en la fila que sin su participación se ha quedado sin sitio por una decisión del primero. En el segundo caso, el que toma la decisión de ser amable es él el que sacrifica su asiento. En este caso la decisión tomada es por una persona y las consecuencias derivadas recaen sobre esa misma persona.

Considero que el acto de cortesía correcto es aquel que uno hace sin molestar o sin afectar a los demás usuarios; que no tienen porqué querer compartir dicho acto. Esto es, según este pensamiento hay dos formas de actuar adecuadamente:

La primera opción sería tipo cola de supermercado, en la cual cada uno solo cederle su sitio al que está justamente detrás de si. De esta forma todo el mundo llega al final de la cola y uno puede adelantar puestos si el anterior lo permite y avanza hasta que no no desea ser cortés.

Una segunda opción consistiría en emular el caso B. Es decir, el que quiera ceder el sitio en la cola intercambia su puesto por el del que acaba de llegar. De esta forma la cola no modifica su longitud y nadie pierde el puesto por culpa de nadie.

Todo esto queda mucho más claro en el caso de las entradas. El matiz diferenciador es que aquí está muy patente la escasez y lo valioso de lo que se desea (uno tiende a pensar que un autobús no se puede llenar y que en todo caso uno puede apretarse un poco más con los otros viajeros).

No sé, tengo claro que habría que facilitar las cosas las personas con dificultades; pero ¿Hasta que punto? Permitirles que se sienten y se salgan de la fila mientras los demás hacen cola de pié me parece bien (en los autobuses que yo cojo, la espera puede llegar a casi una hora). Que lleguen los últimos y se les coloque los primeros ya tengo ciertas dudas (quizás habría que asignar un cupo máximo de personas que puedan saltarse la cola) ya que también hay que mirar por los que hacen cola «legítimamente».

Si has llegado hasta aquí buscando una respuesta o solución, siento comunicarte que no tengo ninguna respuesta. Mas bien espero las tuyas.

P.S. Hay un segundo fenómeno del que exige que se le aplique la norma de cortesía «de oficio». Andan y sin mediar palabra se colocan en primera posición. Aunque eso quedará para otra reflexión...