Barbacana

Ir a la zona de control

La neutralidad tecnológica en el software de la administración

Este artículo está inspirado en una carta que escribió Carlos Fenollosa al Ministerio de Industria y en la respuesta que éste obtuvo: http://weblog.topopardo.com/archives/2006/06/05/el_mcyt_contesta_a_mi_carta.html

Uno de los argumentos más empleados por parte del gobierno para no apoyar el uso del FLOSS (Free/Libre open source software)(*) es la necesidad de defender la neutralidad tecnológica. Es decir, según ellos, que el gobierno no puede «restringir la libertad de elección de tecnologías».

Muchos intentos hay de rebatir esta afirmación (afirmación empleada por igual entre los productores de software propietario como entre políticos y técnicos de la administración). En este, mi intento, se enfocará en el aspecto ingenieril del asunto (recordemos que la informática es una ingeniería).

Los gobiernos de los paises tienen, entre otras misiones, la de regular la actividad ingenieril desarrollada en su territorio. Para ello, elaboran reglamentos técnicos y suscriben normas. Entre otras, las normas tienen tres finalidades: Establecer estándares, fijar procedimientos y como consecuencia derivada estimular la competencia entre los fabricantes. Éstas benefician a la empresa y al usuario final.

Veamos estos aspectos de forma independiente.

Establecer estándares

Pensemos en una casa. El arquitecto que diseña la casa ha de seguir ciertas normas que permiten al constructor interpretar correctamente los planos. Los diametros de las tuberías de la casa están normalizados (sus medidas pueden tener sólo ciertos valores). Esto permite el usar tuberías de una marca y grifos de otro fabricante. Todas las casas funcionan con 230V y todos los aparatos electricos domésticos funcionan con esa tensión. Podemos, por tanto, ir a la tienda de electrodomésticos que queramos y saber que cualquier electrodoméstico nos funcionará en casa.

Los estándares son una obligación escrita por el organismo regulador competente. El estado, en ocasiones, puede obligar a que estos estándares se cumplan y no es en ningún caso «restricción a la libertad de elección de tecnologías». Es muy distinto obligar a todas las empresas eléctricas a suministrar 230V (elección tecnológica) que obligar a los usuarios a consumir electricidad solo de la empresa X (producto tecnológico).

La presencia de un estandar (público y oficial) empuja a las empresas fabricantes y suministradoras a cumplir con dicho estandar o la obligan a salirse del mercado (¿alguien conoce televisores que funcionen a 179V?)

Fijar procedimientos

Existen dos motivos por los que se puede fijar un procedimiento en una norma: En el primer caso, nos permite comparar resultados. Así, cuando se quiere medir la dureza de un metal, la norma indica paso a paso lo que hay que hacer cosas como la forma de la punta, la carga que se ejerce sobre la pieza, el tiempo de duración, etc.

El segundo caso es porque se ha comprobado que es un procedimiento tecnológicamente adecuado: el cálculo de las dimensiones de los cables de una instalación eléctrica está establecido igualmente. Si se sigue el procedimiento descrito en la norma, se garantiza que no existen problemas de sobrecalentamiento de cables ni riesgos de incendio.

En ambos casos, hay obligación de cumplir los procedimientos descritos. Las instalaciones que no demuestren el cumplimiento de estos procedimientos no son aprobadas y no pueden ser ejecutadas. Igualmente pruebas efectuadas fuera de los procedimientos establecidos , son ignoradas por procedimiento incorrecto.

El Estado nuevamente ha impuesto una opción tecnológica determinada (un procedimiento determinado de ensayo) que recalco es distinto a imponer un producto tecnológico (forzar el que ensayo sea realizado con aparato marca X modelo Y)

Estimulación de la competencia

  • Las normas son públicas, así que todos los productores saben a priori las características que han de cumplir sus productos. Dichos productores pueden evaluar si les es posible ofertar piezas a precios competitivos. (las empresas tienen una descripción exacta de las necesidades a cubrir).
  • Las piezas estándar pueden ser sustituidas por otras iguales de distintos fabricantes. La decisión entre una u otra dependerá de calidad y precio. (las empresas que quieran ganar más tendrán que mejorar la calidad y/o reducir costos).
  • Desaparecen los «clientes esclavos». Un cliente esclavo es aquél que por falta de información no puede abandonar la solución tecnológica contratada a su proveedor. O si lo abandona a un muy alto coste. Sea una caja registradora. Si la cinta de papel de los comprobantes de compra es de venta exclusiva del fabricante de la máquina o le compra a este fabricante el resto de su vida o tiene que comprarse una máquina nueva. Y lo que es peor, si el fabricante decide dejar de fabricar este papel, está obligando al cliente esclavo a renunciar a su caja registradora que funciona perfectamente. Esto es un cliente esclavo. (La ausencia de clientes esclavos obliga a las empresas a estar mejorando su oferta para mantener a los clientes).

Solo a empresas con una amplia cartera de clientes esclavos les interesa perpetuar este sistema de negocio. Y aquí, quizás, viene la afirmación más gratuita de todas: la presencia de clientes esclavos es contraria a la neutralidad tecnológica ya que el cliente esclavo no tiene capacidad de elegir líbremente la tecnología a usar (salvo a un coste muy elevado).

Resumen

El Estado ha de ser neutral en productos tecnológicos pero no puede ni debe de ser tecnológicamente neutral.

El que el Estado defina y defienda estándares es bueno para las empresas y para los usuarios (ciudadanos).

Las normas tecnológicas defienden la neutralidad de los productos tecnológicos y establece un posicionamiento tecnológico.

Preguntas que haría al gobierno, a los políticos y a sus técnicos

Respecto a los estándares

  • ¿los estándares favorecen la neutralidad en productos tecnológicos?
  • ¿cual es el estándar en la administración de documentos de texto almacenados digitalmente? (esta pregunta puede repetirse para diversos formatos)
    • En caso afirmativo: ¿donde está publicado dicho estándar?
    • En caso negativo: ¿por qué no se escoge uno?

Evaluando si la administración es un cliente esclavo

  • En caso de que una empresa suministradora de software decidiera instantáneamente dejar de dar soporte a su software
    • ¿Qué posibilidades existen de recuperar íntegramente la información almacenada en dicho programa?
    • ¿Qué coste tendría la conversión a otro programa de otra empresa?
    • Si los datos estuviesen almacenados en un formato estándar público, ¿Cuál sería el coste de dicha conversión?

[*] El software libre y el código abierto (FLOSS para abreviar) son un conjunto de programas el cual sus creadores se autoimponen una serie de obligaciones. Una de ellas es la obligación de mostrar cómo están hechos los programas. Esto permite evaluar si las funcionalidades declaradas de un programa coinciden con las reales (es decir, que cumple con lo que promete y no tiene código oculto potencialmente perjudicial para el usuario). En el software privativo, en cambio, no existe a priori obligación alguna por parte del desarrollador. Este impone sus condiciones que ha de acatar el usuario si quiere usar dichos programas.

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