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Algunas medidas contra el bullying

Este fin de semana he leido en un periódico local una noticia sobre un nuevo caso de bullying. Hasta aquí, desgraciadamente, no hay nada nuevo. Es rara la semana que no aparecen noticias en la prensa sobre este problema, sea en su versión tradicional o en la más moderna del cyberbullying. Mi preocupación iba por otra parte. En la noticia contaba como la medida que se había tomado para solucionar la situación había sido, una vez más, invitar al alumno acosado a abandonar el centro. Realmente no es el primer caso ni será el último, pero creo que es necesario un cierto análisis sobre las razones que llevan a desarrollar este tipo de propuestas y lo que suponen para los implicados y el propio centro educativo.

Por lo general, y de hecho así había sucedido en el caso que se recogía en el periódico, estas actuaciones no son la primera opción. Normalmente, antes de llegar a ellas, las familias ha intentado agotar otras soluciones: hablar con el profesor, con el orientador del centro, con el equipo directivo, etc. para obtener algún tipo de respuesta que acabe con el problema, o cuando menos, lo mejore. Sin embargo, y pese a que hoy estamos mucho más sensibilizados que hace unos años, lo cierto es que en más casos de los que podemos imaginar la respuesta por parte del centro tiene un marcado carácter evasivo. Es decir, se suele hacer poco por cambiar la situación, quitándole importancia, evitando contactar con los padres del alumno o alumnos acosadores y, en cualquier circunstancia, intentando evitar que se sepa que en el centro suceden este tipo de problemas.

Lógicamente, si estas son las herramientas con las que contamos para solucionar el problema, las posibles soluciones quedan muy reducidas. Si no queremos modificar la dinámica en la que se han visto envueltos los alumnos, cambiar los protocolos de trabajo o promover un estilo educativo que mejore la situación la intervención se reduce a eliminar alguno de los componentes de la ecuación. De hecho, promover el cambio de centro de quien esta sufriendo el problema, desde el punto de vista de la institución educativa, aparece como una solución de lo más conveniente. Como dice el refrán muerto el perro se acabó la rabia. Ahora bien, ¿qué supone esta medida más alla de eliminar una situación incómoda?

Para el centro, a corto plazo, se ha eliminado un problema. Los padres preocupados por lo que le sucede a uno de sus hijos han desaparecido y si es con poca publicidad negativa pues mejor. Por otro lado, al irse la víctima del acoso (al menos una de ellas) la dinámica de dominio-sumisión presente en este tipo de fenómenos (Ortega y Mora-Merchán, 2008) se ve interrumpida, al menos hasta que los agresores elijan un nuevo objetivo de sus ataques. Sin embargo, esta decisión implica también un poderoso aprendizaje para los acosadores: sus actuaciones no sólo han quedado impunes, sino que además hay una cierta recompensa que se traduce en el siguiente mensaje para el resto de compañeros: ves que poderosos podemos llegar a ser, que echamos a quien queremos del centro, lo que supone un fuerte estímulo a continuar con la misma conducta, si no a acrecentarla. La víctima, por su parte, se ha visto obligada a utilizar una estrategia de huida, no de afrontamiento, para solucionar el problema. Además tendrá que integrarse en un grupo nuevo, llevando en muchos casos la etiqueta de problemática antes de empezar el proceso de integración. Este proceso no es nada fácil para la víctima. De hecho, si bien hay casos donde el cambio ha supuesto una mejora notable de la vida escolar y personla de estos alumnos, no es raro encontrar un porcentaje significativo de casos donde la situación presente en el centro de origen se repite en el nuevo centro, aumentando así el impacto de este tipo de conductas.

Está claro que estamos ante un problema complejo que no tiene fácil solución. Sin embargo, debemos de ser conscientes que ésta pasa no por ocultar lo que sucede, sino por afrontarlo. El cambio de centro de la víctima de bullying puede ser una medida oportuna en algunos casos, pero desde luego no ha de convertirse en una propuesta generalizada y en aquellos casos donde se realice debe ir acompañada de medidas de apoyo al alumno que sufre el cambio. Además, el cambio de centro, y el desplazamiento de la víctima, no nos debe hacer olvidar que el problema permanece y que será necesario tomar medidas para modificar las dinámicas de maltrato e intimidación que se estén produciendo.

¿Aumenta el cyberbullying?

Una nueva noticia que me gustaría comentar:

El 23,7% de los alumnos de ESO sufre ciberacoso
El Mundo - 6/11/09
El 23,7% de los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) de Baleares es víctima de ciberacoso a través del Messenger, fenómeno que acostumbra a afectar a las personas que son "diferentes y débiles".... (para ver noticia completa sigue este enlace).

Aunque estoy convencido del rigor con el que se ha realizado el trabajo en el que se basan estos datos, así como del incremento que vamos a experimentar en el futuro próximo en la prevalencia del cyberbullying, creo que debemos ser prudentes a la hora de interpretar los datos que se nos están ofreciendo ( y se nos darán) desde diferentes estudios.

El principal motivo que me hace llamar a la cautela tiene que ver con los aspectos metodológicos y conceptuales sobre los que se construyen las distintas investigaciones. Si bien es cierto que los términos ciberacoso y cyberbullying se estan generalizando entre la comunidad científica y educativa, también lo es que a la hora de medir el problema se están utilizando diferentes definiciones y/o aproximaciones (por ejemplo, a la hora de estimar la frecuencia de ocurrencia necesaria para poder hablar de cyberbullying) que dificultan el poder realizar comparaciones precisas entre trabajos y establecer una imagen precisa sobre la evolución que el fenómeno va a ir sufriendo.

Estas diferencias metodológicas ya han provocado que en investigaciones desarrolladas en una misma área geográfica y en un mismo momento temporal se produzcan diferencias en los datos estimados de prevalencia de alrededor del 40% (National i-safe, 2004; Ybarra y Mitchell, 2004) circunstancia poco creible si no es debido a una diferente forma de valorar el fenómeno que nos ocupa.

Parece necesario, por tanto, que la comunidad científica haga un esfuerzo por aunar criterios en este sentido mediante la construcción de instrumentos de medida y definiciones comunes. Esto nos permitirá alcanzar un conocimiento del cyberbullying más riguroso y una transmisión del conocimiento científico más clara, al fin y al cabo de eso es de lo que se trata.

Redes sociales y ciberacoso

Entre las noticias que han sido publicadas esta semana en los medios de comunicación me ha llamado especialmente la atención la siguiente:

El ciberacoso es el mayor peligro de las redes sociales
El País - 5/11/09
El 42% de los niños de seis años está en alguna red social, aunque éstas tienen prohibida la entrada a menores de 14 años, según los datos del eurobarómetro... (para ver noticia completa sigue este enlace).

Desde mi punto de vista, parece lógico pensar que en las redes sociales virtuales se va a encontrar un escenario donde el cyberbullying o ciberacoso va a tener lugar. A ellas estamos trasladando las claves que marcan la actividad en los espacios presenciales: amistad, amor, diversión, etc., pero también enemistad, rechazo, exclusión social y por lo tanto, donde puede tener lugar el cyberbullying, como forma no presencial pero muy real del bullying cara a cara o tradicional.

No obstante, lo que me llama más la atención de esta noticia es, por un lado, la precocidad de los participantes en esta redes (más del 40% de los niños de seis años ya están involucrados más o menos activamente). Esto me lleva a pensar en la necesidad de educar desde el inicio de la primaria en el uso de las nuevas tecnologías, no sólo en los aspectos técnicos, sino también en los emocionales y sociales, ya que estamos ante una herramienta de gran potencialidad que permite la relación con otras personas de características dispares (edad, ubicación, sexo, intenciones...) y que debe ser bien dominada si queremos evitar o prevenir la participación de nuestros menores en actividades de riesgo real.

Pero, por otro lado, lo que me llama la atención es la permisividad (y aparente falta de control) de los proveedores de estas redes sociales a la hora de controlar el acceso a las redes sociales. Parece en este sentido que prima el negocio antes que el respeto a las condiciones que han de cumplir los distintos usuarios. Entiendo que es complicado comprobar la veracidad de los datos para poder acceder a la red y aún más controlar el efecto de atracción que las redes sociales tiene en los distintos segmentos de la población (en especial entre los más jóvenes donde claramente está de moda). Sin embargo, lo que parece claro es que los niños de estas edades tan tempranas necesitan entornos donde puedan participar seguros y en los que las relaciones que establezcan sean los más satisfactorias posibles y ahí es donde creo deben comprometerse las empresas que ofrecen estos servicios.

Lógicamente, hay otra cara de este asunto que no quiero dejar de mencionar y hace referencia al control que la familia ha de mantener, como en toda actividad de naturaleza educativa (sea formal o no), sobre las actividades en las que se involucran sus hijos. En este sentido, quizá como en otras áreas, parece que no estamos encontrando en estos días una actitud positiva de supervisión y acompañamiento del menor en aquello en lo que participa, sino más bien una cierta permisividad y falta de control. Forzosamente es éste un aspecto sobre el que será necesario seguir reflexionando.

Violencia escolar, cyberbullying y medios de comunicación

Hay un tema que no por antiguo deja de tener constante actualidad: el papel de los medios de comunicación en el origen, mantenimiento y solución de los problemas de violencia. En mi caso, me centraré de forma especial en la violencia escolar y el cyberbullying que son los temas que más me interesan en este momento.

Como ya he mencionado el papel de los medios de comunicación en relación a las conductas violentas del tipo que sean es un tema sobre el que se lleva dando vueltas hace bastantes décadas, de hecho casi desde el mismo momento en que apareció la televisión. En ese tiempo se han publicado algunos datos a tener en cuenta (ver para una revisión Cugler y Mateescu, 2007):

  • Cuando un chico o chica llega a los 18 años, habrá visto en la televisión (como media) unos 200.000 actos de violencia, incluidos 40.000 asesinatos (Huston, Donnerstein, Fairchild, Feshbach, Katz, Murray, Rubinstein, Wilcox & Zuckerman, 1992).
  • Los niños entre 12 y 18 años pasan más tiempo (44.5 horas a la semana, 6,1/2 horas al día) frente al ordenador, televisor o videojuego que dedicados a cualquier otra actividad excepto dormir (The Kaiser Family Foundation, 2005).
  • En los más de 1000 estudios realizados sobre los efectos de la violencia televisiva y de las películas, la mayoría concluye que los niños que ven cantidades significativas de violencia televisiva y de cine son más propensos a exhibir comportamientos, actitudes y valores agresivos (The US The Senate Committee on the Judiciary, 1999).
  • Los niños quedan afectados a cualquier edad, pero los más jóvenes son los más vulnerables a los efectos del contenido agresivo de los medios (Bushman & Huesmann, 2001).
  • El uso de videojuegos violentos puede ocasionar que la gente tenga más pensamientos, sentimientos y comportamientos agresivos, y, al mismo tiempo, que disminuyan sus comportamientos empáticos y de ayuda a sus iguales (Anderson, 2004; Gentile, 2003).

A estos datos le podemos sumar el papel "inspirador" que tienen las noticias sobre violencia escolar y cyberbullying (funcionando como modelos a seguir) en algunos alumnos. Así, tras la exhibición de imágenes relacionadas con estos fenómenos en la televisión y/o Internet es frecuente que aparezcan casos similares en un breve plazo de tiempo.

Parece clara, por tanto, la relevancia que los medios de comunicación ejercen sobre la aparición de conductas violentas. Aunque no está tan claro si los medios actúan como causa directa o, por el contrario, funcionan sólo como facilitadores en aquellos que ya tienen predisposición a comportarse de forma violenta.

No obstante, si tanta es la influencia que ejercen los medios es esperable que también puedan ejercer algún efecto positivo sobre la conducta de los alumnos, así como sobre la sociedad en general. Aunque esto será objeto de un post más adelante.

Algunas preguntas que dejo en el aire ¿Son los medios la causa de la conducta violenta o son sólo un factor más en personas ya violentas? ¿Se puede controlar la influencia negativa de los medios de comunicación? ¿Cómo se podría tornar esa influencia en positiva?

Os dejo algunas referencias para ampliar el debate y profundizar en el tema:

  • Anderson, C. A. & Bushman, B. J. (2001). Effects of violent games on aggressive behavior, aggressive cognition, aggressive affect, physiological arousal, and prosocial behavior: A meta-analytic review of the scientific literature. Psychological Science, Vol. 12, 353-359.
  • Anderson, C. A., Carnagey, N. L. & Eubanks, J. (2003). Exposure to violent media: The effects of songs with violent lyrics on aggressive thoughts and feelings. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 84, No. 5.
  • Anderson, C.A. (2004). An update on the effects of violent video games. Journal of Adolescence 27, 113-122.
  • Anderson, C.A., Berkowitz, L., Donnerstein, E., Huesmann, L.R., Johnson, J., Linz, D., Malamuth, N., & Wartella, E. (2003). The influence of media violence on youth. Psychological Science in the Public Interest, Vol. 4, 81-110.
  • Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. New York: General Learning Press.
  • Buchanan, A.M., Gentile, D.A., Nelson, D.A.,Walsh, D.A., Hensel, J. (2002, August). What goes in must come out: Children's media violence consumption at home and aggressive behaviors at school. Paper presented at the International Society for the Study of Behavioural Development Conference, Ottawa, Ontario, Canada. Available online at: www.mediafamily.org/research/report_issbd_2002.shtml (accessed November 2006)
  • Bushman, B. J., & Huesmann, L. R. (2001). Effects of televised violence on aggression. In D. G. Singer & J. L. Singer (Eds.), Handbook of children and the media (pp. 223-254). Thousand Oaks, CA: Sage.
  • Gentile, D. A. & Anderson, C. A. (2003). Violent video games: The newest media violence hazard. In D. A. Gentile (Ed.), Media violence and children. (p131-152). Westport, CT: Praeger Publishing.
  • Gentile, D. A., Lynch, P. J., Linder, J. R., & Walsh, D. A. (2004). The effects of violent video game habits on adolescent aggressive attitudes and behaviors. Journal of Adolescence, Vol. 27, 5-22.
  • Mares, M. L. (1996). Positive effects of television on social behavior: A meta-analysis. Annenberg Public Policy Center Report Series, No. 3, Philadelphia: Annenberg Public Policy Center.
  • Media Awareness Network (2006). Violence in media entrentainement. http://www.media-awareness.ca/english/issues/violence/violence_entertain... (accessed November 2006)
  • National Institute on Media and the Family (2006). Children and media violence. http://www.mediafamily.org/facts/facts_vlent.shtml (accessed November 2006)
  • Thoman, E (2006). Media Violence: What if we Changed the Question? Center for Media Literacy. Accessed at http://www.medialit.org/reading_room/article16.html (accessed November 2006)
  • Zimmerman, F.J., Glew, G.M., Christakis, D.A. & Katon, W. (2005, April). Early Cognitive Stimulation, Emotional Support, and Television Watching as Predictors of Subsequent Bullying Among Grade-School Children. Arch Pediatr Adolesc Med. No. 4, Vol. 159, 384-388.

Cyberbullying ¿un nuevo problema en nuestras escuelas?

En las últimas fechas el problema del cyberbullying está cobrando un gran auge dentro de los medios de comunicación y, como consecuencia en la sociedad en general. Lo llamativo de las acciones que algunos alumnos desarrollan para intimidar, excluir o maltratar a compañeros (mediante agresiones grabadas en teléfonos móviles y posteriormente publicadas en Internet en cualquiera de los portales que lo permiten, tomando las imágenes sin autorización de las webcams para posteriormente extorsionar a la víctima, generando páginas web para atacar, despreciar o humillar a otros, como algunos de los ejemplos posibles) ha colaborado a ello.

No obstante, pese a lo espectacular de estas acciones en una sociedad que todavía está acomodándose al uso de las nuevas tecnologías en su día a día, una pregunta nos surge a las personas que estudiamos este fenómeno y, en general, los relacionados con los episodios de violencia escolar: ¿estamos ante un nuevo problema o por el contrario es otra cara de la misma moneda?

En mi caso soy tendente a pensar que estamos ante una nueva manifestación de un problema antiguo, el maltrato entre escolares, si bien con características propias que vienen definidas por la propia naturaleza de los medios que se utilizan para desarrollar la agresión. Varias son las razones que me llevan a defender esta posición. En primer lugar, el hecho de que en la mayoría de los casos, según se ve en las investigaciones que sobre este campo se han realizado (ver para una revisión Mora-Merchán y Ortega, 2007), es habitual que los cyberagresores conozcan con anterioridad a sus víctimas. De forma que las formas de acoso e intimidación que se utilizan continúan los ataques que de forma previa se han dado en el medio escolar. Esta continuidad entre contextos refuerza la idea que proponíamos inicialmente de un solo problema varias manifestaciones.

Otro motivo para pensar de este modo parte del análisis de la definición del problema del maltrato entre escolares. Las tres características principales de este problema (Olweus, 1999): intencionalidad, desequilibrio de poder y frecuencia en la conducta dañina también se cumplen en los casos de cyberbullying, si bien es necesario establecer algún matiz sobre todo con la última de ellas. La intencionalidad de la conducta parece fuera de toda duda, incluso parece que en muchos casos de cyberbagresiones es necesario mantener esta intencionalidad durante más tiempo que en los episodios de bullying convencional (como por ejemplo cuando se graba la agresión a algún compañero en el móvil y luego se cuelga en Internet, lo que supone un mantenimiento de la conducta agresiva en el tiempo). El desequilibrio de poder también se observa con facilidad. La agresión continuada sitúa a la víctima en una situación de desventaja frente a sus agresores, si cabe aún más que en las formas de bullying convencional, ya que el uso de las nuevas tecnologías deja a las potenciales víctimas sin espacios seguros lo que agudiza su sensación de indefensión y, como consecuencia, su vulnerabilidad ante el agresor.

El caso de la frecuencia es más complejo dada la existencia de episodios de cyberbullying que sólo se dan en una ocasión (por ejemplo, en los episodios de happy slapping). Esta circunstancia podría ser utilizada como argumento para decir que el cyberbullying no cumple las condiciones que se planteaban para el bullying convencional, sin embargo creemos que esto no es así. Pese a que puedan darse casos de cyberbullying sin aparente continuidad entendemos que podemos justificar que esto no supone un incumplimiento de la tercera condición que exponíamos anteriormente. La primera razón es que no se tiene por qué asumir que la repetición se ha de dar en la misma forma de agresión. Es decir, puede haber continuidad en la experiencia dominio-sumisión entre el cyberagresor y su víctima bajo diferentes manifestaciones. La segunda razón se basa en que experiencias como el happy slapping habitualmente sólo se dan una vez en el tiempo: en el momento de la grabación, pero no lo son en cuanto a su difusión o reproducción. Es decir, la repetición de la experiencia para la víctima se produciría cada vez que se produjese su visionado por él mismo o por alguno de sus compañeros.

¿Pensáis también que el cyberbullying se trata de una continuación del problema del maltrato entre escolares? ¿qué razones se os ocurren pueden apoyar esta afirmación?

Por si queréis profundizar algo más en el tema a continuación tenéis una breve bibliografía que os puede ayudar:

  • Barnfield, G. (2005). Happy Slaps: fact and fiction. Rumours of an epidemic of videophone violence have been greatly exaggerated. http://www.spiked-online.com/Articles/0000000CAAD3.htm (20/12/2006).
  • Beran, T. & Li, Q. (2005). Cyber-Harassment: A new method for an old behavior. Journal of Educational Computing Research, 32(3), 265–277.
  • Besley, B. (2005). Cyberbullying: An emerging threat to the always on generation. http://www.cyberbullying.ca (20/12/2006).
  • Burgess-Proctor, A., Patchin, J.W. & Hinduja, S. (2006). Cyberbullying: The victimization of adolescent girls. http://www.cyberbullying.us/cyberbullying_girls_victimization.pdf (20/12/2006).
  • Li, Q. (2005). New Bottle But Old Wine: A Research on Cyberbullying in Schools. http://www.ucalgary.ca/~qinli/publication/cyber_chb2005.pdf (20/12/2007).
  • Li, Q. (2006). Cyberbullying in schools: A research of gender differences. School Psychology International, Vol. 27(2), 157–170.
  • Manke, B. (2005). The Impact of Cyberbullying. http://www.mindoh.com (1/12/2005).
  • MSN.uk (2006). MSN cyberbullying report. http://www.msn.co.uk/cyberbullying (20/12/2006).
  • Olweus, D. (1999). Sweden. En P.K. Smith, Y. Morita, J. Junger-Tas, D. Olweus, R. Catalano & P. Slee, (eds.) (1999). The nature of school bullying: A cross-cultural perspective. London: Routledge.
  • Patchin, J. W. & Hinduja, S. (2006). Bullies Move beyond the Schoolyard: A Preliminary Look at Cyberbullying. Youth Violence and Juvenile Justice, 4(2), 148-169.
  • Smith, P., Mahdavi, J., Carvalho, M. & Tippet, N. (2006). An investigation into cyberbullying, its forms, awareness and impact, and the relationship between age and gender in cyberbullying. London: Anti-Bullying Alliance. http://www.anti-bullyingalliance.org.uk/downloads/pdf/cyberbullyingrepor... (20/12/2006).
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