Violencia escolar, cyberbullying y medios de comunicación

Hay un tema que no por antiguo deja de tener constante actualidad: el papel de los medios de comunicación en el origen, mantenimiento y solución de los problemas de violencia. En mi caso, me centraré de forma especial en la violencia escolar y el cyberbullying que son los temas que más me interesan en este momento.

Como ya he mencionado el papel de los medios de comunicación en relación a las conductas violentas del tipo que sean es un tema sobre el que se lleva dando vueltas hace bastantes décadas, de hecho casi desde el mismo momento en que apareció la televisión. En ese tiempo se han publicado algunos datos a tener en cuenta (ver para una revisión Cugler y Mateescu, 2007):

  • Cuando un chico o chica llega a los 18 años, habrá visto en la televisión (como media) unos 200.000 actos de violencia, incluidos 40.000 asesinatos (Huston, Donnerstein, Fairchild, Feshbach, Katz, Murray, Rubinstein, Wilcox & Zuckerman, 1992).
  • Los niños entre 12 y 18 años pasan más tiempo (44.5 horas a la semana, 6,1/2 horas al día) frente al ordenador, televisor o videojuego que dedicados a cualquier otra actividad excepto dormir (The Kaiser Family Foundation, 2005).
  • En los más de 1000 estudios realizados sobre los efectos de la violencia televisiva y de las películas, la mayoría concluye que los niños que ven cantidades significativas de violencia televisiva y de cine son más propensos a exhibir comportamientos, actitudes y valores agresivos (The US The Senate Committee on the Judiciary, 1999).
  • Los niños quedan afectados a cualquier edad, pero los más jóvenes son los más vulnerables a los efectos del contenido agresivo de los medios (Bushman & Huesmann, 2001).
  • El uso de videojuegos violentos puede ocasionar que la gente tenga más pensamientos, sentimientos y comportamientos agresivos, y, al mismo tiempo, que disminuyan sus comportamientos empáticos y de ayuda a sus iguales (Anderson, 2004; Gentile, 2003).

A estos datos le podemos sumar el papel "inspirador" que tienen las noticias sobre violencia escolar y cyberbullying (funcionando como modelos a seguir) en algunos alumnos. Así, tras la exhibición de imágenes relacionadas con estos fenómenos en la televisión y/o Internet es frecuente que aparezcan casos similares en un breve plazo de tiempo.

Parece clara, por tanto, la relevancia que los medios de comunicación ejercen sobre la aparición de conductas violentas. Aunque no está tan claro si los medios actúan como causa directa o, por el contrario, funcionan sólo como facilitadores en aquellos que ya tienen predisposición a comportarse de forma violenta.

No obstante, si tanta es la influencia que ejercen los medios es esperable que también puedan ejercer algún efecto positivo sobre la conducta de los alumnos, así como sobre la sociedad en general. Aunque esto será objeto de un post más adelante.

Algunas preguntas que dejo en el aire ¿Son los medios la causa de la conducta violenta o son sólo un factor más en personas ya violentas? ¿Se puede controlar la influencia negativa de los medios de comunicación? ¿Cómo se podría tornar esa influencia en positiva?

Os dejo algunas referencias para ampliar el debate y profundizar en el tema:

  • Anderson, C. A. & Bushman, B. J. (2001). Effects of violent games on aggressive behavior, aggressive cognition, aggressive affect, physiological arousal, and prosocial behavior: A meta-analytic review of the scientific literature. Psychological Science, Vol. 12, 353-359.
  • Anderson, C. A., Carnagey, N. L. & Eubanks, J. (2003). Exposure to violent media: The effects of songs with violent lyrics on aggressive thoughts and feelings. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 84, No. 5.
  • Anderson, C.A. (2004). An update on the effects of violent video games. Journal of Adolescence 27, 113-122.
  • Anderson, C.A., Berkowitz, L., Donnerstein, E., Huesmann, L.R., Johnson, J., Linz, D., Malamuth, N., & Wartella, E. (2003). The influence of media violence on youth. Psychological Science in the Public Interest, Vol. 4, 81-110.
  • Bandura, A. (1977). Social Learning Theory. New York: General Learning Press.
  • Buchanan, A.M., Gentile, D.A., Nelson, D.A.,Walsh, D.A., Hensel, J. (2002, August). What goes in must come out: Children's media violence consumption at home and aggressive behaviors at school. Paper presented at the International Society for the Study of Behavioural Development Conference, Ottawa, Ontario, Canada. Available online at: www.mediafamily.org/research/report_issbd_2002.shtml (accessed November 2006)
  • Bushman, B. J., & Huesmann, L. R. (2001). Effects of televised violence on aggression. In D. G. Singer & J. L. Singer (Eds.), Handbook of children and the media (pp. 223-254). Thousand Oaks, CA: Sage.
  • Gentile, D. A. & Anderson, C. A. (2003). Violent video games: The newest media violence hazard. In D. A. Gentile (Ed.), Media violence and children. (p131-152). Westport, CT: Praeger Publishing.
  • Gentile, D. A., Lynch, P. J., Linder, J. R., & Walsh, D. A. (2004). The effects of violent video game habits on adolescent aggressive attitudes and behaviors. Journal of Adolescence, Vol. 27, 5-22.
  • Mares, M. L. (1996). Positive effects of television on social behavior: A meta-analysis. Annenberg Public Policy Center Report Series, No. 3, Philadelphia: Annenberg Public Policy Center.
  • Media Awareness Network (2006). Violence in media entrentainement. http://www.media-awareness.ca/english/issues/violence/violence_entertain... (accessed November 2006)
  • National Institute on Media and the Family (2006). Children and media violence. http://www.mediafamily.org/facts/facts_vlent.shtml (accessed November 2006)
  • Thoman, E (2006). Media Violence: What if we Changed the Question? Center for Media Literacy. Accessed at http://www.medialit.org/reading_room/article16.html (accessed November 2006)
  • Zimmerman, F.J., Glew, G.M., Christakis, D.A. & Katon, W. (2005, April). Early Cognitive Stimulation, Emotional Support, and Television Watching as Predictors of Subsequent Bullying Among Grade-School Children. Arch Pediatr Adolesc Med. No. 4, Vol. 159, 384-388.