Redes sociales y ciberacoso

Entre las noticias que han sido publicadas esta semana en los medios de comunicación me ha llamado especialmente la atención la siguiente:

El ciberacoso es el mayor peligro de las redes sociales
El País - 5/11/09
El 42% de los niños de seis años está en alguna red social, aunque éstas tienen prohibida la entrada a menores de 14 años, según los datos del eurobarómetro... (para ver noticia completa sigue este enlace).

Desde mi punto de vista, parece lógico pensar que en las redes sociales virtuales se va a encontrar un escenario donde el cyberbullying o ciberacoso va a tener lugar. A ellas estamos trasladando las claves que marcan la actividad en los espacios presenciales: amistad, amor, diversión, etc., pero también enemistad, rechazo, exclusión social y por lo tanto, donde puede tener lugar el cyberbullying, como forma no presencial pero muy real del bullying cara a cara o tradicional.

No obstante, lo que me llama más la atención de esta noticia es, por un lado, la precocidad de los participantes en esta redes (más del 40% de los niños de seis años ya están involucrados más o menos activamente). Esto me lleva a pensar en la necesidad de educar desde el inicio de la primaria en el uso de las nuevas tecnologías, no sólo en los aspectos técnicos, sino también en los emocionales y sociales, ya que estamos ante una herramienta de gran potencialidad que permite la relación con otras personas de características dispares (edad, ubicación, sexo, intenciones...) y que debe ser bien dominada si queremos evitar o prevenir la participación de nuestros menores en actividades de riesgo real.

Pero, por otro lado, lo que me llama la atención es la permisividad (y aparente falta de control) de los proveedores de estas redes sociales a la hora de controlar el acceso a las redes sociales. Parece en este sentido que prima el negocio antes que el respeto a las condiciones que han de cumplir los distintos usuarios. Entiendo que es complicado comprobar la veracidad de los datos para poder acceder a la red y aún más controlar el efecto de atracción que las redes sociales tiene en los distintos segmentos de la población (en especial entre los más jóvenes donde claramente está de moda). Sin embargo, lo que parece claro es que los niños de estas edades tan tempranas necesitan entornos donde puedan participar seguros y en los que las relaciones que establezcan sean los más satisfactorias posibles y ahí es donde creo deben comprometerse las empresas que ofrecen estos servicios.

Lógicamente, hay otra cara de este asunto que no quiero dejar de mencionar y hace referencia al control que la familia ha de mantener, como en toda actividad de naturaleza educativa (sea formal o no), sobre las actividades en las que se involucran sus hijos. En este sentido, quizá como en otras áreas, parece que no estamos encontrando en estos días una actitud positiva de supervisión y acompañamiento del menor en aquello en lo que participa, sino más bien una cierta permisividad y falta de control. Forzosamente es éste un aspecto sobre el que será necesario seguir reflexionando.