10º Aniversario del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza - Inicios

A pesar de lo que pueda pensarse, un coro no es solo un conjunto de voces. Un coro es un colectivo de unas cien personas y requiere de una coordinación y de una organización importante.

Hace 10 años, en nuestra primera Opera, no teníamos ni siquiera nombre. Revisando el programa de mano de Rigoletto, el coro consta como «Coro de Sevilla». El teatro contrató individualmente a cada uno de los cantantes, dandonos de alta en la seguridad social a aquellos que no teníamos aún nuestro número de la seguridad social y hasta cotizamos los días correspondientes.

Esa situación no se podía mantener por mucho tiempo. No era posible negociar cada aspecto de nuestras contrataciones individualmente. Además, una parte importante de los miembros del coro tenían ya trabajos y no era posible re-contratarlos.

Era necesario, por tanto, dar una forma jurídica al coro y dotar de una forma organizativa. Tras ver diversas opciones, al final adoptamos la única forma «aceptada» por el teatro. Se fundó la Asociación del los Amigos del Teatro de la Maestranza y dentro de dicha asociación se constituyó el coro. Fueron épocas de muchas asambleas, reuniones y elaboraciones de regímenes internos y estatutos. (mi copia aún la tengo por localizada con anotaciones a los márgenes).

Fue una época dura en ciertos aspectos, ya que la directiva (los representantes elegidos por nosotros) estaban entre dos fuegos: nuestros intereses y los del teatro. Y eso generaba tensiones internas. A parte de estas cuestiones «burocráticas», el director contratado para formar el coro (el ya citado Maestro LaFerla) siguió la política de que todos debían saberse todo el repertorio aunque no lo cantasen. En mi caso, que nunca he sido de los mejores, en 2 años de permanencia en el coro canté dos operas; pero estudié todo el repertorio de las obras como los demás. Además, en los tiempos libres preparabamos números de coro, muy bien sin saber para qué.

El resultado es que echabamos muchas horas a la semana de ensayos. Y una intensa convivencia entre los miembros del coro. Seguramente, no hubiera aguantado tanto si no hubiera sido por la alta calidad de los miembros del coro. Buena gente en general...

Bueno y por la astuta tarea del director del coro. La mayoría de las óperas requieren coros de muy reducidas proporciones; no más de 20 personas. Pero existen excepciones que necesitan de 100 o más personas. Las personas que no cantaban tenían una carga de ensayos similar pero no cobraban nada. Así que aquel que se quedaba fuera era lógico que se sintiese molesto por su situación. Y el maestro tenía que estar empleando constantemente estrategias para tener a todos contentos (aunque al final con estos sistemas nadie termina de estar completamente contento).

Y llegamos al punto crucial de aquella época. ¿qué nos motivaba a ir y continuar en aquellos tiempos? Estamos hablando de horarios de ensayos de entre diez y veinte horas semanales y en función de las necesidades, alguna noche saliamos muy pasadas las doce de la noche (Dado que el grueso de cantantes tienen otros trabajos, los ensayos había y todavía hay que hacerlos en horarios de tarde-noche).

Motivaciones...¿salud? no, daba igual el estado de salud en el que te encontrases, Daba igual que lloviera o tronara. Si había ensayo, había que ir. Esto no puede desembocar en un aumento de salud bajo ninguna circustancia. ¿el dinero? lo dudo. Para la cantidad de horas que echabamos, más se gana limpiando escaleras. Diez años después de empezar, no sé exactamente como están las remuneraciones; pero según tengo entendido se cobra exactamente lo mismo tras 10 años (¡lo mismo!, sin actualizaciones por el coste de la vida). Y ya hace 10 años que no era para hacerse rico. ¿amor? No digo que no hayan surgido parejas, pero la mayoría de ensayos se efectuaban entre cuerdas del mismo sexo. Esto limita bastante las posibilidades. Además, la gente con pareja estable sacrificaban horas de estar con ellas para estar con nosotros.

Mi motivación principal, y supongo que la de la gran mayoría era la experiencia vivida. Durante los años que estuve: He representado dos óperas, he estudiado otras piezas, he recibido invitaciones para ir gratis (con acompañante) a las óperas y zarzuelas que se representaban en el teatro. Además de algunos solistas y otros espectáculos. He conocido y convivido con artistas de primera fila en el mundo de la lírica. Por citar a algunos españoles famosos, me he cruzado con Alfredo Krauss por los pasillos del teatro (no canté con él en Lucía de Lamermour, en la que fué su última actuación en Sevilla), con Plácido Domingo, con otros profesionales de la talla de Nucci o Raimondi. He visto a los «King's Singers» en directo, me consta que compañeros mios han echado pitillos en el escenario con Les Luthiers durante las funciones (¡¡que envidia!!).

Fuera del plano lírico, tuvimos la oportunidad de grabar la banda sonora de un corto de cine. Luego nos dejamos engañar y cantamos un anuncio de televisión de jamones (jingle se llama eso) y como pago nos dieron un jamón. Posteriormente, dicho anuncio se llevó el dudoso honor de ser el peor anuncio de las navidades ¿o fué del año? Otro grupo de coralistas fueron contratados para un anuncio de un coche, en esta ocasión no cantaban ¡salían en las imágenes!

Es decir, El CAATM ha sido una fuente de experiencias únicas que muy pocas personas tienen la oportunidad de vivir (teniendo en cuenta que todos somos personas bastante normales).

Y hasta aquí puedo llegar. Mis obligaciones personales y mi mudanza a un pueblo fuera de sevilla me obligaron a abandonar mi puesto en el coro. Si alguien de los que vivieron las siguientes épocas quiere continuar el relato, que me mande un correo y continuaremos por donde lo hemos dejado.